Obsesionada con lo irrazonable: mis preguntas sobre el amor

26/09/2025

por Angie García

Entre el amor y la obsesión: un viaje íntimo
El amor y la obsesión a menudo se entrelazan en un territorio borroso, donde lo racional y lo emocional chocan y se confunden. En ese espacio incierto, nos encontramos cuestionándonos a nosotros mismos, preguntando qué está bien, qué está fuera de lugar, y hasta dónde puede llegar nuestro deseo sin dañarnos. Este es un viaje íntimo hacia las sombras de mis propias emociones, un intento honesto de entender por qué a veces me pierdo en una obsesión que me duele pero que, paradójicamente, también me da vida. Yo también me enfermo... ¿o me obsesiono?

 

Trato de encontrar dentro de mí las respuestas ante lo irrazonable que siento por él. Soy una persona introvertida, con una gran capacidad de introspección y un cerebro muy activo que disfruta reflexionando sobre lo vivido. Aprovecho esas herramientas para preguntarme: ¿mi obsesión por él es patológica?

Creo que sí, lo es. Porque todo sentimiento auténtico de amor y sus contradicciones están muy cerca del sufrimiento. Sé que mi obsesión no es una conducta antisocial, pues se limita a fantasear, idealizar e imaginar que yo le intereso igual que él a mí.

Pero es precisamente por eso que es enfermizo y dañino. Mi sistema psíquico y emocional habita una ambigüedad constante: amo recordarlo, pero al mismo tiempo me duele no poder tenerlo. Esta obsesión se nutre de una vaga ilusión, a la que me aferro para vivir con chispa en la monotonía que me envuelve ahora. Tener una historia inquietante que contar. Disfrutar la sensación explosiva de adrenalina que sentí en una etapa de mi vida, similar a la de un niño en un parque de diversiones experimentando por primera vez.

Soy una adulta supuestamente racional, de quien no se esperaría una conducta tan insensata como obsesionarse por alguien que nunca ha demostrado interés en un vínculo formal.

Ante esto, recurro al arte de cuestionarme: ¿Cuál es la esencia de las relaciones humanas? ¿Por qué sentimos como sentimos? ¿Por qué nos fijamos en unas personas y no en otras? ¿Qué conexión hay entre nuestro sistema emocional, sexual y ese enganche único por alguien?

Entre mis pasatiempos favoritos está filosofar y tratar de responder esas preguntas. Amo analizar lo que me resulta atractivo y digno de estudio. Pero a menudo descubro que no todo tiene respuesta ni un porqué. Y aunque estudié psicología con la esperanza de encontrar respuestas, ahora comprendo que la clave está en seguir dudando, en llevar conmigo esos interrogantes que mantienen vivo el estudio del ser humano: tan complejo, enigmático y paradójico.

Casi podría aventurar algunas conjeturas. Creo que hay una energía sexual, psíquica, física o espiritual que nos conecta con otros. Son solo hipótesis que merecen debates filosóficos o investigaciones profundas. Pero pienso que la ciencia, con todo su avance, se queda corta para explicar la esencia de las relaciones humanas.

¿Cómo explicar que coincidamos con alguien entre millones de personas y desarrollemos sentimientos sin conocerlo a fondo?

¿Qué hay detrás de esos sentimientos? ¿Son un lastre de historia personal, o sensaciones instintivas compartidas por nuestra especie?

Creo que el ser humano está hecho más de sentimiento que de razón, y eso influye en cómo interpretamos el mundo y cómo nos movemos en él. Sentir es inherente a nuestro ser. Por más racionales que seamos, tarde o temprano nos veremos arrastrados por emociones poderosas, sumergidos en sentimientos desconocidos y difíciles de transitar.

Claro que nuestra historia personal influye. Si crecí en un ambiente de infidelidad, traición y desamor, me será muy difícil creer en el amor. Por eso, cuando me lo encuentre, huiré a toda costa o inventaré ideales descabellados para no comprometerme. Y por eso también, me fijaré persistentemente en alguien que sé, por sus propias singularidades, que jamás podrá comprometerse conmigo.

Quizás nunca halle respuestas definitivas sobre lo que me pasa con mi dulce y amarga obsesión, pero he entendido que el solo hecho de cuestionarme, ya me convierte en alguien más consciente. No pretendo justificarla, pero sí humanizarla. Porque incluso detrás de un amor no correspondido, de una ilusión alimentada por el vacío, hay una búsqueda legítima de sentido, de conexión y de vida.

Y si bien es cierto que el amor puede doler, también es cierto que revela las partes más profundas de nuestro ser. No soy menos razonable por haberme obsesionado; soy más humana por atreverme a sentirlo. Quizás esa persona nunca sepa de mí, ni de este desborde emocional que me habita. Pero yo sí me sé. Me reconozco en esta experiencia, con todo su vértigo, su intensidad y su contradicción. Y eso, a su modo, también es amar: saber que algo o alguien removió lo que creí dormido.

Porque a veces el amor no está para quedarse, sino para despertar.

 

Con amor,
Angie Sensiblera 

 

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Sobre mí

Mi nombre es Angie García, psicóloga con enfoque holístico y humanista.

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