Por supuesto, ser el promotor de tu propio bienestar es el punto de partida para un crecimiento integral. Pero no podemos desconocer que, para crecer humanamente, tenemos que aprender a ganar más humildad, aceptar nuestra vulnerabilidad y los enredos de la vida que nos sumergen en pantanos espinosos. ¿Y por qué no? Permitirse una mano que nos ayude a salir de allí, donde nos hemos estancado por nuestra coraza, que resulta siendo más debilidad que fortaleza.
Soy una profesional en salud mental. Conozco las teorías, domino las técnicas psicológicas. Además, constantemente me encuentro en procesos internos de cambio gracias a mi naturaleza introspectiva. El crecimiento humano, para mí, es uno de los pilares para recorrer este cosmos. Sin embargo, también me pesa la vida en ocasiones. Me pierdo en mi propio yo, mis heridas resuenan, y el caos me ataca deliberadamente.
Y también pido ayuda. Trato de consultar a un psicólogo, mentor o coach, porque me enredo en mí misma y me cuesta alternar mis propios pensamientos. Me quedo anclada a mi perspectiva del problema. Y sí, las técnicas psicológicas autoaplicadas me funcionan, pero igualmente requiero del debate con un otro, una retroalimentación que me proporcione herramientas para descubrirme, que me ofrezca claridad, una mirada externa y objetiva, una reflexión acompañada.
Sinceramente, soy fiel creyente de esa idea que indica que nuestro problema deja de pesar tanto cuando es mirado, acompañado, validado y sostenido por otro.
Por estas razones, creo con firme convicción en la ayuda psicológica: una herramienta valiosa que nos permite transitar la vida con mayor despeje mental y empoderamiento. Un lugar donde yo pueda reconocerme tan humana como ese otro que me está viendo; donde la calidez sea uno de sus cimientos y, sobre todo, me favorezca el despertar de mis propios recursos internos.
Entonces, no hablamos de que seamos simples receptores de aquel mentor. No. Ellos nos acompañan como espejos emocionales, pero somos los protagonistas de nuestra propia historia.
Mi querido lector, humano:
No te sientas menos humano por pedir ayuda.
La fortaleza y la debilidad habitan en ti, como en mí.
Construyamos juntos una sociedad que reconoce su vulnerabilidad, que siente, y que también necesita un espacio cálido y presente para sentirse segura.
Para poder salir a enfrentar el mundo equipados con herramientas, y con una armadura hecha a manos compartidas.
Con amor,
Angie Sensiblera