Cuando el alma habla

17/06/2025

por Angie García

Confesiones de una mentora sensible
Alguien me preguntó una vez en terapia si los procesos internos trabajados psicológicamente son una culminación, una consumación del progreso personal. Respondí sin la menor duda que no es así. Tener un trabajo interior no significa que los problemas dejarán de existir. Sencillamente, porque el mundo exterior esta fuera de nuestro control. La vida es dura. Las personas que amamos pueden traicionarnos, abandonarnos… o morirse. Y ante eso, somos completamente incompetentes. El mundo seguirá su curso de altibajos, aunque individualmente hayamos crecido. ¿Entonces, para qué hacemos esto? ¿Para qué invertir esfuerzo, dinero, tiempo y energía?

 

La verdad es que cuando el mundo interior se prepara, se fortalece, se vigoriza y se arma, se desafía el mundo exterior desde una sabiduría natural. Ya no te dejas arrastrar por las cosas vanas del mundo. Tienes un norte claro. Pones tus herramientas internas al servicio del trabajo, de las relaciones, de lo que la vida traiga. Eres tú, con tu yo profundo, tus instintos primarios, tus dones innatos y la sabiduría de tu alma salvaje, encontrando una sinergia con lo externo.

Y así morimos, nacemos, nos regeneramos, nos transformamos. Actuamos naturalmente desde lo que somos. En ese lugar ya no existen los mandatos vacíos ni los estándares absurdamente altos de la sociedad. Porque, honestamente, ya poco nos importa encajar con ellos. Lo que verdaderamente importa es coincidir con nuestra esencia.

Y es ahí cuando muchas personas dejan su trabajo aburrido, su matrimonio frustrado, su pelea interna… y se convierten en artistas, escritores, escultores. Tejen su vida a mano, como siempre debió ser. Vuelven a los orígenes. A lo hecho con las manos, con el cuerpo, con el alma.

Descubrimos entonces que más allá de los bienes materiales y el progreso económico, existe la posibilidad de vivir desde la sencillez del ser. La creatividad humana y el arte nos devuelven los matices. Nos conectan con un autoconocimiento profundo, donde podemos hallar la sabiduría de nuestra alma, reconocer nuestra creatividad y descubrir nuestros recursos internos. Cuando eso ocurre, los propósitos se alinean con un nuevo Yo creativo, y podemos empezar a vivir desde ahí: desde el alma.

Hay amor en lo que se hace con el alma. Porque viene de lo más profundo de nuestro ser. Y cuando hay amor, todo fluye. Todo se equilibra. Porque todo está donde siempre debió estar:
La voz al cantante,
Las letras al escritor,
La brocha al pintor,
Las manos al escultor.

Ya no estás atrapada en un escritorio que no fue hecho a tu medida, que obstruye tu imaginación. En este mundo —el del alma— hay magia. No porque sea fantasioso, sino porque todo lo que nace del alma tiene una cualidad que trasciende: hay amor, vida, pasión, energía, creación y sabiduría. Y eso, mágicamente, contagia a otros. Por eso los proyectos auténticos tienen seguidores sabios y únicos. Porque el éxito está en lo que se transmite.

Al recorrer mis propias experiencias, me doy cuenta de que nunca he encajado en los espacios donde he estado. Las relaciones muchas veces me desgastan. Las normas sociales me parecen absurdas. Me frustro fácilmente cuando no hago lo que nace de mi vocación. A veces solo quiero salir corriendo y vivir, vivir mucho. Que la vida me estremezca.

Hoy reconozco que muchas decisiones que tomé vinieron de esa hambre de vivir. Antes lo veía como una falla. Hoy lo reconozco como parte de mi esencia. Como la forma especial que tengo de relacionarme con este mundo lógico, racional… y a veces tan injusto con la singularidad.

Creo profundamente que no tengo que serle fiel a los mandatos sociales, sino a eso que soy. A lo que me gusta desde las entrañas. A lo que me da plenitud sin esfuerzo. Aunque, sí, sé que es difícil hablar de plenitud en un mundo humano que, por naturaleza, siempre siente un vacío.

Y sin embargo, cuando construimos nuestra vida desde lo que verdaderamente somos, alcanzamos un tipo de plenitud. No absoluta, claro. Porque somos así: incompletos, contradictorios, emocionales, imperfectos. Y cuando lo aceptamos, trascendemos hacia un pensamiento más flexible, más amable.

He visto granjeros, artistas, deportistas, padres y líderes felices con lo que hacen. Se mueven como pez en el agua. Porque lo que hacen es una extensión de lo que son. Allí, sus pasiones y sus medios de vida hacen las paces. Y su rutina diaria se convierte en una caricia de vida.

¿Me siento vacía? Sí.
No quería responder eso.
Mi personalidad evasiva y resolutiva me impedía enfrentar esa realidad dolorosa que reprimo con tanta naturalidad.

Pero el vacío viene a mí para decirme:
Muévete.
Confróntate.
Desenrédate.
Haz espacio para lo que te colma.

Tal vez la salida sea darle vida a la vida, con aquello que me da vida. Encontrar sentido y significado desde mis pasiones. Porque, al final, hay demasiada gente muerta en vida. Automatizada. Desconectada. Insensible.

Yo, en cambio, me declaro humana. Llena de contradicciones, dudas, carencias, enredos.
Emocional, sensible y con los sentidos a flor de piel.
Así navego este mundo que a veces me duele… y otras veces me invita a vivirlo con todo el pecho.

Con amor,
Angie Sensiblera  

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Sobre mí

Mi nombre es Angie García, psicóloga con enfoque holístico y humanista.

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