Confesión poética de una sensiblera

26/09/2025

por Angie García

Angie sensiblera — Al borde del precipicio
La poesía nos convoca a una mirada humana, abierta y compasiva a nosotros mismos. Poder nombrar lo que en ocasiones pesa tanto, que no tiene lugar, espacio o cabida. Lo que sentimos tiene presencia en algún sitio, y en este caso en el universo rico de las letras, es la posibilidad de habitarnos así tan contradictorios y caóticos.

 

Un sentir que bordea los confines de la tierra:
anhelar una tierra que no me pertenece
es mi fiel y cruel emblema,
cual si fuese sensación de extraterrestre.

Ayer tuve una caída al despeñadero;
los peñascos me soltaron con ira.
Mas yo solo quería llorar:
lloré más de cincuenta y cinco minutos seguidos,
segundos que puntearon cada agonizar,
porque el pozo contenedor no resiste una gota más.

Del estar alegre me olvidé;
un tiempo pasado fue brillante;
hoy solo queda un pedante sentimiento:
mi orgullo no cabe en mis ropas.

Los yerros del pasado
quieren hacer su humilde aparición,
como clavo mal incrustado
que, tarde o temprano, hace trizas su retrato.
Así estoy yo…
aceptando mi propio fracaso.
Sí: fue mi culpa.
También adeudo viejas cuentas.
Solo sé que es muy difícil ser yo.

Las lágrimas no dominan su verter;
verme no tiene sentido hoy.
Tengo una furia.
No vine a hacer daño;
no fue mi intención.
Solo estoy arrastrada por un ciclón
de aguas y fuegos.

Antiguas heridas
resucitan como ánimas en pena:
quieren ser escuchadas,
mas yo vivo ignorándolas,
como espíritu solitario
que conoce solamente su propio barrizal.
Quizás mi pantano se quiere mudar
y escuchar lo negado:
la promesa de una paz en puente movedizo.

A lo mejor
necesito un beso
donde mis labios crucen incertidumbre,
indecisión;
porque mi decisión más vital
es la de nadar contra la corriente
de un control que no me pertenece.

Unos blancos esquemas que me gobiernan,
códigos negros que dictan mi caminar:
una furiosa, impetuosa
y dañosa certeza
que quiere puntuar cada paso.
Mas mi paso por este mundo,
desde que me conozco,
solo se ha colmado de imprevistos diluvios.

Ayer, como enfermo doliente,
ansiaba una sedante muerte,
cual si fuese un deprimente andante
que solo quiere llegar a su final.
Pero luego desperté de una pesadilla:
yo misma me hacía pedazos.
Muerte —tal vez no—,
porque lo que tengo es una sed de vida
que me atormenta a cada santiamén,
una urgencia que me aviva…
Una Angie sensiblera
que anhela leer sus escritos en voz alta
fue el sueño que despertó mi planta.

No puedo llorar más.
Me tengo que levantar.
Olvidar.
¿Será que olvidamos como el frenético auto que se extravió?
¿Cómo hago para volver a casa si no conozco sus coordenadas?

 

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Sobre mí

Mi nombre es Angie García, psicóloga con enfoque holístico y humanista.

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